miércoles, 1 de agosto de 2012

Vista al pasado...


La verdad es que sólo ahora se me han pasado por la cabeza estas cosas, o quizás se me han pasado antes pero no he tenido la suficiente autoreflexión para poder plasmarlas en papel, pero aquí van.

 Me acuerdo de hace 5 años, que perdí  a una persona muy querida en mi vida, perdí a mi abuelo. Me acuerdo que era sumamente desagradable con él, que era imbécil e idiota, era niño. Y me acuerdo que solamente en las despedidas era cariñoso, cuando nos esperaban miles de kilómetros por delante y un tiempo incierto hasta volver a verlo, cuando no, siempre era idiota e intentaba alejarlo de mi, pese a que quería lo mejor para mi. Y claro, me pongo a pensarlo ahora, por su punto de vista, de ver a un crío de 5 años, que le intenta alejar, pese a que quiere darle lo mejor, de que le ignora, y de que se comporta como un idiota, y me pongo malo, pero luego lo miro como lo miraba yo, de que lo quería alejar de mi porque me sentía en ridículo cuando me mimaba, de que creía ser mayor para poder hacerlo yo todo sólo, pero qué cojones, CUANTO LO DESEARÍA AHORA, que me diera esos achuchones, esas bromas tan malas suyas, que estuviera conmigo diciéndome con su voz suave pero profunda que todo irá bien… 

Y es que no nos damos cuenta, no nos fijamos, dejamos la vida pasar, y que todo pase, pensamos en el presente, y no en el futuro, ni en el pasado. Se dice que aquel que no mira su historia, está predispuesto a repetirla, con eso se refiere a que si no miramos lo que hicimos mal e lo intentamos corregir, nos volverá a pasar, y volveremos a caer con la misma piedra, así hasta cogerle cariño, pero nos dolerá como si siempre fuese la primera.

lunes, 16 de enero de 2012

¿Quieres motivos para sonreír?

Sonreír.
Sonreír por una sonrisa.
Sonreír por diversión.
Sonreír para alegrar el día a otro.
Sonreír para ver el mundo de otra forma.
Sonreír por tristeza.  
Sonreír por fallos, estupideces, por pegarte con tu mejor amiga o amigo, por suspender un examen o simplemente por no llorar.
Sonreír para saber que la próxima vez será mejor.
Sonreír por amor.
Sonreír por amistad.
Sonreír por afán.
 Sonreír por olvidarte las llaves en casa.
Sonreír por hacer un autostop.
Sonreír para ligar.
Sonreír para que tu mejor amigo te deje dinero.
Sonreír por mentir.
Sonreír por fardar.
Sonreír por tener razón.
Sonreír porque te ves bien.
Sonreír por haber sonreído.
Sonreír por haber aprobado.
Sonreír, porque sonreír es gratis, no está prohibido y no hace ningún mal a nadie, simplemente, Sonríe. 

viernes, 6 de enero de 2012

Eres mi corazón, y si dejas de existir en mi vida, muero.

Una vez más, nos acercamos a las fechas Navideñas, esas fechas de alegría y felicidad para algunos y desgracias para otros. Fechas en las que comenzamos a notar el olor a navidad, nos encontramos con los mazapanes, con el calor en las casas, el típico árbol de navidad y, lo más importante, el calor en nuestros corazones. Fechas en las que nos reunimos toda la familia bajo el mismo techo, en la misma mesa, miembros de los que no sabíamos nada de ellos y que igual no volveremos a saber nada de ellos en mucho y percibimos en el ambiente la alegría y la nostalgia.

                Se encontraba en el cálido salón de su casa viendo una película, cuando recibió una llamada. Era la tradicional llamada que le solía hacer su abuela por navidad, y que un año más, no faltaba. Como todos los años, siempre terminaban la conversación con una invitación a la mesa de la cena familiar, que Adrián, solía rechazar humildemente a causa de lo lejos que se encontraban de la familia a causa de poder continuar con sus estudios. Pero este año, sería diferente, este año Adrián quería presentarle a la familia a su novia, Jeannette, con la que llevaba ya casi dos años juntos. Este año Adrián quería que todo fuera diferente, este año le pediría a Jeannette una eternidad juntos, para lo bueno y para lo malo, en la salud y en la enfermedad… pero para eso él quería presentársela primero a su familia, esa familia a la que hacia cerca de 6 años que no veía y qué mejor ocasión para presentársela que la cena que tantos años había rechazado... Le dijo que sí, que acudiría a la cena, cosa que hizo que la expresión de su abuela cambiara radicalmente:

–        ¡Vaya! Qué sorpresa que vengas! Te esperamos con ansias. – Dijo la abuela.
–        Este año quería hacer algo diferente y quería estar con la familia – Dijo Adrián.
–        Me alegra saber eso. – Dijo la abuela.

Y esa fue la última conversación que tubo con la familia. A partir de ahí se pusieron a hacer las maletas y a prepararse para el largo viaje que les quedaba por delante, una travesía de más de nueve horas seguidas por autovías y nacionales. Cuando ya lo tenían todo preparado, se subieron al coche y empezaron la travesía. Habían salido muy temprano porque querían estar ahí por la tarde y darles una sorpresa a la familia ya que, les dijo que llegarían por la noche antes de cenar. Estaban nerviosos, Jeannette porque al fin conocería la familia de Adrián y Adrián porque le pediría que formarse parte de ella.

                Su familia estaba acabando los últimos preparativos, la mesa ya estaba casi lista y sólo les faltaba tomar asiento para pasar una velada agradable en familia. Se pusieron a velar pero faltaba Adrián, el cual ya había avisado que llegaría tarde y que además vendría con una sorpresa, por lo tanto, su familia comenzó sin él. Casi acabando el segundo plato empezaron a preguntar por Adrián y lo llamaron pero no contestaba , creyeron que estaría conduciendo y que no podría cogerlo o que estaría cerca así que continuaron con la velada. A las diez y cincuenta y tres minutos, la madre de Adrián escuchó sonar su teléfono y fue a cogerlo, preguntándose quién podría ser a esas horas… Contestó y se oyó un breve silencio:

–        Buenas noches, ¿La familia de Adrián Sánchez? –Dijo una voz monótona
–        Buenas noches, sí, soy su madre, ¿Con quién hablo? – Dijo su madre
–        Soy el Teniente Gutiérrez, siento informarles de que su hijo ha sufrido un accidente en la A-30 en el kilómetro 139 contra un camión. – Dijo el teniente.
–        Pero, pero, está bien ¿Adrián está bien?  – Dijo su madre.
–         Actualmente está en estado de shock, en el hospital general Reina Sofía. Todavía se están investigando las causas, pero al parecer, perdió el control del vehículo en un adelantamiento. – Añadió el teniente.

Al oír eso, se le cayó el mundo encima, su hijo, que hacía seis años que no veía, había sufrido un accidente. Se le cortó el habla, se le cayó el teléfono, se puso pálida y le fallaron las piernas, al ver eso la familia, corrió en su ayuda para ver que ocurría.

–        Clara! ¿Qué pasa? CLARA! CONTESTA!
–        Es, es, es…. Es Adrián, ha tenido un accidente.
Mientras tanto, se oía al policía preguntando por teléfono si seguían ahí.
–        Pero, ¿cómo?, ¿Qué?.... preguntó su padre.

Todos sentían esa situación de impotencia, una velada familiar la cual se convirtió en una angustia familiar. Le contestaron al teniente, colgaron y se vistieron para ir al hospital. Al llegar ahí, preguntaron en recepción por Adrián y les dijeron que estaba en observaciones, que estaba bien, pero que su acompañante estaba en coma. Ellos se preguntaban: <<¿Su acompañante?>> la familia no sabía nada de Jeannette, no sabía que iba con él. Entraron en la habitación y se encontraron a Adrián sentado en una silla cogido de la mano de Jeannette. Sus padres le preguntaron a Adrián si estaba bien, que qué había pasado pero él no conseguía acordarse de nada, decía que estaba bien, que estaba bien… pero que no sabía nada de Jeannette.

–         ¿Jeannette? ¿Quién es Jeannette? – Preguntaron sus padres.
–         Ella es Jeannette (señalando a la persona que había en la cama), es mi novia, llevamos dos años juntos y este año quería presentárosla, siento que no sean en otras condiciones… – Entró un médico en la habitación y fue directo hacia Adrián.
–         ¿Adrián Sánchez? Jeannette está bien físicamente, ha entrado en un coma y no sabemos cuando despertará. – Le dijo el médico.

Y entonces pasó… Adrián al oír esas palabras perdió toda la ilusión de vivir, perdió toda la alegría, ya sólo era una masa de músculos y huesos que ocupaban un mísero espacio en la Tierra, perdió el brillo de los ojos, JODER! Perdió a su amor, y lo peor de todo, él no podía hacer nada para evitarlo. Desde ese momento se quedó en blanco, no reaccionaba, no hacía nada… Sus padres al ver eso y no poder hacer nada por él ante esa situación, esa situación de impotencia cuando pierdes a la persona que más quieres y no puedes hacer nada por evitarlo, se lo intentaron llevar a casa para que descansara, pero él no quiso, no les dejó, no quiso dejar a Jeannette sola, se quedó con ella, se volvió a sentar en la misma silla de antes, la cogió de la mano y le prometió que nunca la dejaría, siempre estaría junto a ella, le dijo que ella era su corazón, que si dejaba de latir, él moriría con ella. El día 24, vinieron sus padres a por él y se lo llevaron a casa por la fuerza, querían alejarlo del hospital y de lo que había sucedido y que pasara la noche con la familia, pero él no quería dejarla, no, no podía, él la quería, sentía que necesitaba estar con ella, porque ella estaría con él si fuera al revés y no paraba de culparse por todo lo sucedido. Al llevárselo por la fuerza, en sus ojos se podían observar lágrimas cayendo por sus mejillas a través del cristal del coche mientras se alejaban del hospital. Llegó a casa, se sentó en una silla en el comedor y ahí se quedó, no se movió más, no quería comer, no quería beber y no hacía nada más que repetirse una y otra vez:

–        Te amo, lo siento, ha sido culpa mía, no debía, lo siento, no quise…

Sus padres no podían soportar verlo así y le intentaron animar, pero no había manera, sus esfuerzos eran en vano, él sólo la quería a ella. Intentaron que se fuera a la cama pero se negó y se quedó toda la noche sentado en la silla, apoyado en la mesa, llorando y reprochándose una y otra vez el estado de Jeannette.

Al día siguiente, se presentó toda la familia, habían regalos bajo el árbol, muchos para Adrián para alegrarle pero nada, nada conseguía subírle el ánimo. Él, sacó de su bolsillo un regalo, lo abrió y dentro estaba el anillo de compromiso, quería dárselo a Jeannette como regalo de navidad, pero.. Las cosas han cambiado… Al ver el anillo, salió corriendo de casa dando un portazo, su padre lo había visto todo y salío tras él, pero de nada le sirvió, no le alcanzó. Se fue al hospital a ver a Jeannette y su padre se fue en su búsqueda. Adrián estaba con Jeannette dándole su regalo, y le pidió un siempre juntos, acto seguido, cayó desplomado como cual árbol al ser talado, quizás por el hecho de no comer,  quizás por el hecho de no dormir o por amarla hasta tal punto de morir por ella… Rápidamente, su padre lo recogió, lo tumbó en una cama y llamó al médico, se llenó derepente el cuarto de personas con batas blancas… Mientras tanto, él soñaba con Jeannette, soñó que se despertaba junto a ella, que la tenía en sus brazos y que le daba besos mientras le decía lo mucho que la amaba… se recuperó y… exactamente, era eso, sólo un sueño, pero notó algo raro y se fue al lado de Jeannette, la cogió de la mano y le dijo que jamás la dejaría, que la haría feliz el resto de su vida, pero que por favor, no le dejara. Poco a poco empezó a acelerarse el maldito “bip” del correcaminos, cada vez más rápido, él creía que Jeannette estaba volviendo en si, cada vez sonaba más rápido y al final optó por llamar a los médicos, los cuales vinieron rápidamente y empezaron a colocarse alrededor de Jeannette, él solamente podía observar impotente como el correcaminos trazaba una recta y se oía a los doctores “la estamos perdiendo, la perdemos” a partir de ahí sólo escuchó un pitido en el óido, cayó al suelo, lo cogió su padre y entre gritos lo colocó en la cama, rápidamente fue atendido por médicos, pero poco pudieron hacer, él sólo la quería a ella, y ahora que ella ya no tenía pulso, y su corazón se había parado, él ya no quería seguir con vida, ya no tenía ningún motivo para vivir, y susurró “Eres mi corazón, si dejas de latir, muero”. Poco a poco su pulso empezó a disminuir cada vez más y más  hasta llegar al punto en que dejó de oírse y perdió toda seña de vida. Ella murió a causa del accidente, el murió a causa de amarla tanto.

Su padre, viéndolo todo, empezó a llorar y a encabronarse consigo mismo por no poder hacer nada, ver cómo por amor puede morir alguien... Había perdido a su hijo, el día 25 de diciembre, no podía creérselo, pero porqué justamente ese día, ¿no se supone que es un día de alegría, de milagros...? Desde entonces nunca más volvió a celebrar esas malditas fechas de felicidad, donde todo el mundo es feliz y todo el mundo oculta la verdad, él sólo se podía acordar de que el día 25 perdió a su hijo, delante de sus ojos, y sin poder hacer nada.