miércoles, 17 de abril de 2013

Pequeña pero importante reflexión.

     Hay personas que aún no se han dado cuenta que el mundo no gira a su alrededor, de que no todo se basa en su bienestar y de que si algo no va según lo planeado piensan que tienen un problema. 
     La verdad es que por el momento no tienen ningún problema, cuando se den cuenta de que las cosas no giran a su alrededor, de que nada va según lo previsto, entonces sí que tendrán uno ya que no sabrán vivir en este "desconocido" mundo para ellos.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Vista al pasado...


La verdad es que sólo ahora se me han pasado por la cabeza estas cosas, o quizás se me han pasado antes pero no he tenido la suficiente autoreflexión para poder plasmarlas en papel, pero aquí van.

 Me acuerdo de hace 5 años, que perdí  a una persona muy querida en mi vida, perdí a mi abuelo. Me acuerdo que era sumamente desagradable con él, que era imbécil e idiota, era niño. Y me acuerdo que solamente en las despedidas era cariñoso, cuando nos esperaban miles de kilómetros por delante y un tiempo incierto hasta volver a verlo, cuando no, siempre era idiota e intentaba alejarlo de mi, pese a que quería lo mejor para mi. Y claro, me pongo a pensarlo ahora, por su punto de vista, de ver a un crío de 5 años, que le intenta alejar, pese a que quiere darle lo mejor, de que le ignora, y de que se comporta como un idiota, y me pongo malo, pero luego lo miro como lo miraba yo, de que lo quería alejar de mi porque me sentía en ridículo cuando me mimaba, de que creía ser mayor para poder hacerlo yo todo sólo, pero qué cojones, CUANTO LO DESEARÍA AHORA, que me diera esos achuchones, esas bromas tan malas suyas, que estuviera conmigo diciéndome con su voz suave pero profunda que todo irá bien… 

Y es que no nos damos cuenta, no nos fijamos, dejamos la vida pasar, y que todo pase, pensamos en el presente, y no en el futuro, ni en el pasado. Se dice que aquel que no mira su historia, está predispuesto a repetirla, con eso se refiere a que si no miramos lo que hicimos mal e lo intentamos corregir, nos volverá a pasar, y volveremos a caer con la misma piedra, así hasta cogerle cariño, pero nos dolerá como si siempre fuese la primera.

lunes, 16 de enero de 2012

¿Quieres motivos para sonreír?

Sonreír.
Sonreír por una sonrisa.
Sonreír por diversión.
Sonreír para alegrar el día a otro.
Sonreír para ver el mundo de otra forma.
Sonreír por tristeza.  
Sonreír por fallos, estupideces, por pegarte con tu mejor amiga o amigo, por suspender un examen o simplemente por no llorar.
Sonreír para saber que la próxima vez será mejor.
Sonreír por amor.
Sonreír por amistad.
Sonreír por afán.
 Sonreír por olvidarte las llaves en casa.
Sonreír por hacer un autostop.
Sonreír para ligar.
Sonreír para que tu mejor amigo te deje dinero.
Sonreír por mentir.
Sonreír por fardar.
Sonreír por tener razón.
Sonreír porque te ves bien.
Sonreír por haber sonreído.
Sonreír por haber aprobado.
Sonreír, porque sonreír es gratis, no está prohibido y no hace ningún mal a nadie, simplemente, Sonríe. 

viernes, 6 de enero de 2012

Eres mi corazón, y si dejas de existir en mi vida, muero.

Una vez más, nos acercamos a las fechas Navideñas, esas fechas de alegría y felicidad para algunos y desgracias para otros. Fechas en las que comenzamos a notar el olor a navidad, nos encontramos con los mazapanes, con el calor en las casas, el típico árbol de navidad y, lo más importante, el calor en nuestros corazones. Fechas en las que nos reunimos toda la familia bajo el mismo techo, en la misma mesa, miembros de los que no sabíamos nada de ellos y que igual no volveremos a saber nada de ellos en mucho y percibimos en el ambiente la alegría y la nostalgia.

                Se encontraba en el cálido salón de su casa viendo una película, cuando recibió una llamada. Era la tradicional llamada que le solía hacer su abuela por navidad, y que un año más, no faltaba. Como todos los años, siempre terminaban la conversación con una invitación a la mesa de la cena familiar, que Adrián, solía rechazar humildemente a causa de lo lejos que se encontraban de la familia a causa de poder continuar con sus estudios. Pero este año, sería diferente, este año Adrián quería presentarle a la familia a su novia, Jeannette, con la que llevaba ya casi dos años juntos. Este año Adrián quería que todo fuera diferente, este año le pediría a Jeannette una eternidad juntos, para lo bueno y para lo malo, en la salud y en la enfermedad… pero para eso él quería presentársela primero a su familia, esa familia a la que hacia cerca de 6 años que no veía y qué mejor ocasión para presentársela que la cena que tantos años había rechazado... Le dijo que sí, que acudiría a la cena, cosa que hizo que la expresión de su abuela cambiara radicalmente:

–        ¡Vaya! Qué sorpresa que vengas! Te esperamos con ansias. – Dijo la abuela.
–        Este año quería hacer algo diferente y quería estar con la familia – Dijo Adrián.
–        Me alegra saber eso. – Dijo la abuela.

Y esa fue la última conversación que tubo con la familia. A partir de ahí se pusieron a hacer las maletas y a prepararse para el largo viaje que les quedaba por delante, una travesía de más de nueve horas seguidas por autovías y nacionales. Cuando ya lo tenían todo preparado, se subieron al coche y empezaron la travesía. Habían salido muy temprano porque querían estar ahí por la tarde y darles una sorpresa a la familia ya que, les dijo que llegarían por la noche antes de cenar. Estaban nerviosos, Jeannette porque al fin conocería la familia de Adrián y Adrián porque le pediría que formarse parte de ella.

                Su familia estaba acabando los últimos preparativos, la mesa ya estaba casi lista y sólo les faltaba tomar asiento para pasar una velada agradable en familia. Se pusieron a velar pero faltaba Adrián, el cual ya había avisado que llegaría tarde y que además vendría con una sorpresa, por lo tanto, su familia comenzó sin él. Casi acabando el segundo plato empezaron a preguntar por Adrián y lo llamaron pero no contestaba , creyeron que estaría conduciendo y que no podría cogerlo o que estaría cerca así que continuaron con la velada. A las diez y cincuenta y tres minutos, la madre de Adrián escuchó sonar su teléfono y fue a cogerlo, preguntándose quién podría ser a esas horas… Contestó y se oyó un breve silencio:

–        Buenas noches, ¿La familia de Adrián Sánchez? –Dijo una voz monótona
–        Buenas noches, sí, soy su madre, ¿Con quién hablo? – Dijo su madre
–        Soy el Teniente Gutiérrez, siento informarles de que su hijo ha sufrido un accidente en la A-30 en el kilómetro 139 contra un camión. – Dijo el teniente.
–        Pero, pero, está bien ¿Adrián está bien?  – Dijo su madre.
–         Actualmente está en estado de shock, en el hospital general Reina Sofía. Todavía se están investigando las causas, pero al parecer, perdió el control del vehículo en un adelantamiento. – Añadió el teniente.

Al oír eso, se le cayó el mundo encima, su hijo, que hacía seis años que no veía, había sufrido un accidente. Se le cortó el habla, se le cayó el teléfono, se puso pálida y le fallaron las piernas, al ver eso la familia, corrió en su ayuda para ver que ocurría.

–        Clara! ¿Qué pasa? CLARA! CONTESTA!
–        Es, es, es…. Es Adrián, ha tenido un accidente.
Mientras tanto, se oía al policía preguntando por teléfono si seguían ahí.
–        Pero, ¿cómo?, ¿Qué?.... preguntó su padre.

Todos sentían esa situación de impotencia, una velada familiar la cual se convirtió en una angustia familiar. Le contestaron al teniente, colgaron y se vistieron para ir al hospital. Al llegar ahí, preguntaron en recepción por Adrián y les dijeron que estaba en observaciones, que estaba bien, pero que su acompañante estaba en coma. Ellos se preguntaban: <<¿Su acompañante?>> la familia no sabía nada de Jeannette, no sabía que iba con él. Entraron en la habitación y se encontraron a Adrián sentado en una silla cogido de la mano de Jeannette. Sus padres le preguntaron a Adrián si estaba bien, que qué había pasado pero él no conseguía acordarse de nada, decía que estaba bien, que estaba bien… pero que no sabía nada de Jeannette.

–         ¿Jeannette? ¿Quién es Jeannette? – Preguntaron sus padres.
–         Ella es Jeannette (señalando a la persona que había en la cama), es mi novia, llevamos dos años juntos y este año quería presentárosla, siento que no sean en otras condiciones… – Entró un médico en la habitación y fue directo hacia Adrián.
–         ¿Adrián Sánchez? Jeannette está bien físicamente, ha entrado en un coma y no sabemos cuando despertará. – Le dijo el médico.

Y entonces pasó… Adrián al oír esas palabras perdió toda la ilusión de vivir, perdió toda la alegría, ya sólo era una masa de músculos y huesos que ocupaban un mísero espacio en la Tierra, perdió el brillo de los ojos, JODER! Perdió a su amor, y lo peor de todo, él no podía hacer nada para evitarlo. Desde ese momento se quedó en blanco, no reaccionaba, no hacía nada… Sus padres al ver eso y no poder hacer nada por él ante esa situación, esa situación de impotencia cuando pierdes a la persona que más quieres y no puedes hacer nada por evitarlo, se lo intentaron llevar a casa para que descansara, pero él no quiso, no les dejó, no quiso dejar a Jeannette sola, se quedó con ella, se volvió a sentar en la misma silla de antes, la cogió de la mano y le prometió que nunca la dejaría, siempre estaría junto a ella, le dijo que ella era su corazón, que si dejaba de latir, él moriría con ella. El día 24, vinieron sus padres a por él y se lo llevaron a casa por la fuerza, querían alejarlo del hospital y de lo que había sucedido y que pasara la noche con la familia, pero él no quería dejarla, no, no podía, él la quería, sentía que necesitaba estar con ella, porque ella estaría con él si fuera al revés y no paraba de culparse por todo lo sucedido. Al llevárselo por la fuerza, en sus ojos se podían observar lágrimas cayendo por sus mejillas a través del cristal del coche mientras se alejaban del hospital. Llegó a casa, se sentó en una silla en el comedor y ahí se quedó, no se movió más, no quería comer, no quería beber y no hacía nada más que repetirse una y otra vez:

–        Te amo, lo siento, ha sido culpa mía, no debía, lo siento, no quise…

Sus padres no podían soportar verlo así y le intentaron animar, pero no había manera, sus esfuerzos eran en vano, él sólo la quería a ella. Intentaron que se fuera a la cama pero se negó y se quedó toda la noche sentado en la silla, apoyado en la mesa, llorando y reprochándose una y otra vez el estado de Jeannette.

Al día siguiente, se presentó toda la familia, habían regalos bajo el árbol, muchos para Adrián para alegrarle pero nada, nada conseguía subírle el ánimo. Él, sacó de su bolsillo un regalo, lo abrió y dentro estaba el anillo de compromiso, quería dárselo a Jeannette como regalo de navidad, pero.. Las cosas han cambiado… Al ver el anillo, salió corriendo de casa dando un portazo, su padre lo había visto todo y salío tras él, pero de nada le sirvió, no le alcanzó. Se fue al hospital a ver a Jeannette y su padre se fue en su búsqueda. Adrián estaba con Jeannette dándole su regalo, y le pidió un siempre juntos, acto seguido, cayó desplomado como cual árbol al ser talado, quizás por el hecho de no comer,  quizás por el hecho de no dormir o por amarla hasta tal punto de morir por ella… Rápidamente, su padre lo recogió, lo tumbó en una cama y llamó al médico, se llenó derepente el cuarto de personas con batas blancas… Mientras tanto, él soñaba con Jeannette, soñó que se despertaba junto a ella, que la tenía en sus brazos y que le daba besos mientras le decía lo mucho que la amaba… se recuperó y… exactamente, era eso, sólo un sueño, pero notó algo raro y se fue al lado de Jeannette, la cogió de la mano y le dijo que jamás la dejaría, que la haría feliz el resto de su vida, pero que por favor, no le dejara. Poco a poco empezó a acelerarse el maldito “bip” del correcaminos, cada vez más rápido, él creía que Jeannette estaba volviendo en si, cada vez sonaba más rápido y al final optó por llamar a los médicos, los cuales vinieron rápidamente y empezaron a colocarse alrededor de Jeannette, él solamente podía observar impotente como el correcaminos trazaba una recta y se oía a los doctores “la estamos perdiendo, la perdemos” a partir de ahí sólo escuchó un pitido en el óido, cayó al suelo, lo cogió su padre y entre gritos lo colocó en la cama, rápidamente fue atendido por médicos, pero poco pudieron hacer, él sólo la quería a ella, y ahora que ella ya no tenía pulso, y su corazón se había parado, él ya no quería seguir con vida, ya no tenía ningún motivo para vivir, y susurró “Eres mi corazón, si dejas de latir, muero”. Poco a poco su pulso empezó a disminuir cada vez más y más  hasta llegar al punto en que dejó de oírse y perdió toda seña de vida. Ella murió a causa del accidente, el murió a causa de amarla tanto.

Su padre, viéndolo todo, empezó a llorar y a encabronarse consigo mismo por no poder hacer nada, ver cómo por amor puede morir alguien... Había perdido a su hijo, el día 25 de diciembre, no podía creérselo, pero porqué justamente ese día, ¿no se supone que es un día de alegría, de milagros...? Desde entonces nunca más volvió a celebrar esas malditas fechas de felicidad, donde todo el mundo es feliz y todo el mundo oculta la verdad, él sólo se podía acordar de que el día 25 perdió a su hijo, delante de sus ojos, y sin poder hacer nada.

sábado, 19 de noviembre de 2011

¿La vida? Una ruleta

Todos nos habremos preguntado alguna vez, qué es la vida, porque esos bajones, porque esos momentos de tristeza.. Pues básicamente la vida es una ruleta, porque es un círculo, que gira y gira al azar, círculo que tiene tanto “casillas” buenas como malas, pero deberíamos saber que sólo hay una “casilla” mala, y las demás son buenas, por lo tanto, tienes más posibilidades de caer en las cosas buenas.

Vamos a empezar a jugar, todo te sonríe, pero estás en una ruleta, todas las cosas están dentro de ella, unas buenas, otra mala y la ruleta gira, al azar, tu sabes que si caes en una mala, lo perderás todo y volverás a empezar a jugar porque la ruleta, seguirá girando.  A medida que va girando, vas cayendo en cosas buenas, la que te hacen sentir esa felicidad del día a día, las que te hacen verte bien, sentir que estás lleno, que te gustas así como eres, pero, por desgracia, tenemos esa casilla mala, donde, lo perderás todo, y no podrás evitarlo.

En ese punto, tienes que saber que vuelve a empezar el juego. Vuelves a empezar a vivir cosas felices, a sentirte bien, y todo lo dicho anteriormente… Esto define perfectamente la  vida, todo te va bien,  hasta que te da un bajón, y la vida te parece horrenda, pero después de eso, vuelves a empezar, vuelves a sonreír y ver que la vida tiene sentido, porque, como dice el refrán <<No hay mal que por bien no venga>>

lunes, 7 de noviembre de 2011

El último adiós

Nunca me había detenido a pensar en la última vez que hice o dejé de hacer algo, algo que no he vuelto a hacer desde entonces, y que nunca podré volver a hacer. Y es que estuve pensando y nada... Nada de lo que había hecho hasta ahora me inspiraba, porque todas ellas eran cosas comunes y corrientes, sin valor alguno para mí, ya que la última vez que las hice, no supusieron nada para mí, no hicieron que sintiera nada especial, además siempre podría volverlo a hacer mañana si me apeteciera... por lo tanto, ¿Cómo te puede inspirar el haber hecho algo que lo puedes repetir las veces que quieras? No... no puede, para empezar a describir esa sensación de la última vez, tienes que encontrar algo único, algo que no podrás volver a hacer nunca más en tu vida, algo con lo que estés muy ligado emocionalmente, pero yo no tenía ese algo, no lograba encontrarlo, así que cerré los ojos y empecé a recordar, eran recuerdos muy lejanos y felices, recuerdos de mi infancia... Aquella lejana y despreocupada infancia, lo que daría por volver a tener esa inocencia, ese punto de ver las cosas, lo que daría por volver a tener esos cinco años, en los que una de mis mayores preocupaciones podía ser la regañina que iba a darme mi madre por romper la vajilla buena, o por mancharme la ropa nueva con barro... Cosas que ahora me parecen tonterías, pero que en esos años eran problemas muy serios para mí.

“Recuerdo a mis primos, mi hermana, y las travesuras que hacíamos.
Recuerdo los días en casa de mi abuelo, las horas que pasaba con él, las historias que me contaba, y las tardes de domingo en su regazo, respondiendo mis dudas existenciales de entonces... Después yo me despedía de él, e iba acostarme... “

Al recordar esto, un profundo dolor inunda todo mi cuerpo... Y es que ahora, solo ahora, recordando, me he fijado en la cara de mí abuelo al despedirse de mí, en su rostro hay una expresión de cariño, de orgullo, de tristeza... En lo más profundo de sus ojos hay tristeza, tristeza por saber que algún día morirá, que no llegará a verme crecer, que no conocerá a sus bisnietos, que no estará siempre a mi lado, como él me prometía cada día antes de ir a acostarme, para que yo pudiera dormir tranquilo... Nunca me había parado a pensar lo doloroso que debía ser para él, hacerme esa promesa, sabiendo que no podría cumplirla ... Ahora, al ver su rostro marcado por las arrugas, propias de la edad, y de los malos tragos que le hizo pasar la vida... No puedo dejar de pensar que ya no está a mi lado, que nunca más volveré a ver ese rostro, que nunca más volveré a escuchar su voz, una voz armoniosa, que transmite tranquilidad, una voz que me hacía pensar, que realmente todo podía salir bien… Nunca volveré a oírla… Nunca más volveré a ver sus ojos, su mirada, una mirada serena que infundía tranquilidad, paz, bienestar, una mirada que veía más allá de lo material, que parecía que lo supiese todo, que sabía que algún día no estaría a mi lado, que sabía cosas, que por aquel entonces yo no era capaz ni de imaginar.

  Ahora recuerdo todas las veces que me despedí de él, y siempre tenía esa mirada en los ojos, como si fuera la última vez que me viera… Los años van pasando, y él cada día es más mayor, parece que esté más cansado de la vida, y sin embargo sigue con la rutina, lo intenta disimular, pero lo veo, lo veo en sus ojos, cada día le es más difícil seguir vivo, cada segundo que pasa le cuesta más, pero sigue intentándolo… Y sinceramente, espero que fuera por él, por su vida, y no por mí, no por los demás, espero que no fuera por cumplir las promesas que hizo en su vida, como la que me hizo a mí, la de estar siempre a mi lado.

El tiempo pasa muy deprisa, ahora ya tengo unos doce años, y recuerdo las últimas vacaciones que pasamos con él, es navidad, fuera hace frío, y estamos en casa, mis padres no están allí, como de costumbre, mis padres nunca están cerca, de hecho, mi hermana tampoco está, ni mi abuela, sólo estamos, él, yo, y mi hermana pequeña… Yo estoy sentado en la silla, mirando a mi abuelo jugar con mi hermana, enseñarle a hablar, y tenerla en su regazo… es como una visión de mi pasado, porque conmigo era igual, pero hay algo distinto, mi abuelo está débil, muy débil, se le nota, es como si le doliera respirar, le cuesta coger aire, y su mirada es más profunda y triste que nunca, una mirada capaz de hacer llorar a la persona más feliz del mundo, una mirada capaz de romper en dos el sensible alma de un poeta… El final está cerca, y él lo sabe, él lo sabe… ¿por qué yo no me di cuenta? ¿por qué no me fijé en su mirada entonces? ¿por qué?, se nota a kilómetros que algo no va bien… ¿por qué yo no me di cuenta entonces?

Él se comportaba de manera distinta, lo disfrutaba todo como si fuera la última vez, la última vez… ¡Cuánto sentido tienen esas palabras ahora!, la última vez... Claro que lo vivía todo muy intenso, porque realmente era la última vez que lo viviría, y él lo sabía. Lo que más me duele de todo, es no haberlo disfrutado yo, el no haberlo vivido como la última vez, porque de hecho, aunque yo no lo supiera, lo era… Esos días, eran los últimos días que pasaría con mi abuelo, el que me prometió que siempre estaría conmigo… Y el que se despidió de mí como hacía siempre sin ni siquiera avisarme que sería la última vez que lo haría, la última vez que le vería vivo, la última vez que podría abrazarle sintiendo su calor, sabiendo que su corazón estaba latiendo, … sabiendo que sería la última vez que le vería vivo.

“Me duele, abuelo, me duele mucho que no me lo dijeras, si realmente lo sabías, si sabías que no te volvería a ver vivo, tendrías que habérmelo dicho, no me habría marchado así… ¡No me habría marchado!”

 Os voy a decir cómo fue la despedida, deja mucho que desear por mi parte… Buscando entre los recuerdos, intenté encontrar la última vez que hice algo, algo que no podré volver a hacer nunca, lo creía imposible, pero aquí está, “La última vez que vi a mi abuelo vivo”:

Recuerdo el final de las vacaciones, las maletas ya estaban en el coche, sólo faltaba decir adiós y marcharse.

Fui a darles un beso y un abrazo a mis abuelos, como era costumbre antes de irnos, antes de volver a España. Abracé a mi abuela y fui en busca de mi abuelo, mis padres me habían dicho que estaba enfermo, pero que no era grave, que con las medicinas se curaría, y allí estaba, en el umbral de la puerta, con los ojos resplandecientes, llenos de lágrimas, lágrimas que se estaba tragando para que yo no le viera llorar, y de nuevo esa mirada, ahora más marcada que nunca, está claro… Él sabía que esa era la última vez que se despediría de mí… Pero sólo lo sabía él. Me dio un abrazo que entonces pensé que no se acabaría nunca, yo estaba cansado y no me gustaban las despedidas, lo que quería era un abrazo rápido, dos besos, y poder subir al coche con la conciencia tranquila de haber cumplido con el hecho de despedirme. Después de lo que me pareció una eternidad, mi abuelo me soltó, y una lágrima resbalaba por su mejilla, yo… un ignorante de la vida por aquel entonces, le pregunté qué era lo que le pasaba, él dijo que le dolía el estómago, yo, recuerdo haberle dicho que no se preocupara, porque mi hermana estudiaría medicina, y que si las pastillas no le curaban, lo haría ella. Entonces, otra lágrima resbaló por su mejilla, y yo se la limpié y le dije que no llorara, él dijo que no, que ya no le dolía, y que me estaría esperando, a mí y a mi hermana, porque él quería que mi hermana fuera médico, y que ella le tratara, entonces, me dio otro abrazo, me besó tiernamente la frente y me dijo que entrara en el coche.

Los demás ya estaban dentro, sólo faltaba yo, subí y arrancó el motor, yo sentía una sensación muy rara, como si algo no fuera bien, imaginaciones mías pensé… Me di la vuelta, para mirar por última vez a mi abuelo, estaba llorando, y estaba diciendo adiós con la mano, yo le correspondí al saludo, el coche ya se estaba alejando, y yo veía las lágrimas resbalar por el rostro de mi abuelo, estaba llorando, como nunca antes lo había hecho… En ese momento me invadió una sensación de profunda tristeza… La misma que siento ahora, al recordar la despedida.


 Ahora, más que nunca, estoy seguro de que lo sabía, él sabía que esos eran, los últimos instantes que pasaríamos juntos… Pero sólo lo sabía él.

Poco tiempo después, mi abuelo empezó a enfermar gravemente, iba de hospital en hospital, nadie sabía lo que tenía, cada médico le prescribía una cosa, se contradecía los unos a los otros, y un año después mi abuelo se estaba muriendo, no sé si por tantas medicinas le habían destrozado el estómago, o por la propia enfermedad, pero se estaba muriendo, llamaron a mi madre, y le preguntaron si podía ir a Rumanía, porque mi abuelo, no duraría más de una semana, nos fuimos al día siguiente, conducimos durante toda la noche, pero no llegamos a tiempo… A las tres de la madrugada, en una carretera de Austria, llegó un mensaje diciendo que fuéramos con cuidado por la carretera, que fuéramos más despacio, que ya era tarde, que mi abuelo había muerto… Lloré toda la noche, lloré en silencio y lo único que hacía era repetir una y otra vez, lleno de rabia: ¿Cómo has podido hacerme esto? Me lo habías prometido, estarías conmigo para siempre… Y me dormí repitiéndomelo una y otra vez… sin ser capaz de pensar ninguna otra cosa.

Ahora, cuatro años después, me pregunto:

¿Por qué no me espero para despedirse de mí?

Igual porque él ya lo había hecho cuatro años atrás… Y no quería que yo le viera en ese estado, sufriendo y vomitando sangre, igual no quería que ese fuera el último recuerdo que tuviera de él, débil, muriéndose ante mí, pero sinceramente, creo que había preferido eso, al último recuerdo que yo tengo de él, de pie, en medio de  la calle, bajo la lluvia otoñal, despidiéndose con una mano y con la cara empapada de lágrimas, y esa mirada, llena de dolor, sabiduría, añoranza, esa mirada serena, que lo sabía todo, que sabía que esa era la última vez que se despedía de mi…



miércoles, 2 de noviembre de 2011

La vida

                Hay veces en la vida, en la que te quedas mirando la vida pasar, veces en las que piensas en tu futuro y en tu pasado, y llegas a la conclusión de que de la tierra sales y que en la tierra acabas.

Realmente, si queremos mirarlo por este lado, lo único en que piensas es en tener un buen trabajo en el futuro, conseguir vivir lo más cómodo posible, y trabajas toda tu vida para conseguir ese sueño y al conseguirlo, ya te da igual, porque, todos nosotros, tenemos una ilusión de conseguir un objetivo, e insistimos en conseguirlo, pero una vez lo tenemos, ya no nos importa, ya no tenemos esa ilusión, y buscamos otros objetivos. Es como un niño pequeño, que quiere conseguir un juguete, e insiste e insiste hasta tenerlo, pero una vez lo tiene, juega dos días con el, y lo deja de lado por otras cosas. Pues pasa absolutamente lo mismo, trabajamos toda la vida para conseguir dichas cosas, y llegamos a una edad, donde ya tenemos eso, pero nos damos cuenta que realmente eso no nos llena, pero decimos que al menos, lo habremos hecho para nuestros hijos, para que ellos puedan vivir mejor. Cuando llegas a ese punto, ya no tienes ningún objetivo y aún que lo tengas, puede ser ya demasiado tarde para conseguirlo, y lo que realmente te hace feliz es el hecho de ver a toda la familia, reunidos de vez en cuando, bajo el mismo techo, ese techo el cual tú has tardado una vida en conseguir, y que era tu principal objetivo, pero en el que, en muchos casos, la familia no puede perder más de ocho horas para viajar y reunirse todos bajo ese mismo techo. Realmente, en mi caso, tardo 24 horas en llegar a dicho techo, y, al llegar, veo las caras y…. es algo indescriptible. Recuerdo el hecho de reunirnos todos en la misma mesa, la enorme alegría que rebosa en el ambiente, las lágrimas de felicidad, las risas… Recuerdo los rostros de mis abuelos, de mi familia, tanto al recibirnos, como al despedirnos, siempre llenos de lágrimas, unas veces de felicidad, y otras de tristeza.

Realmente con esto lo que quiero decir, es que todos tenemos un objetivo en la vida, y lo conseguiremos tarde o temprano, pero luego qué, sólo nos quedará la familia, los amigos… Así que disfrutar todo el tiempo que podáis, pasároslo en grande y divertiros, porque en esta vida, podéis ser más serios, sí, pero lo único que conseguiréis es que se os haga más larga la vida. También digo, que los que tengáis el privilegio de visitar a vuestra familia, hacerlo siempre que podáis y disfrutar cada momento junto a ella, porque es extraño, pero al final siempre nos acordamos de los buenos momentos, y esos recuerdos nunca se olvidan.